Un antiviral demuestra eficacia por primera vez en la infección por HTLV-1

El HTLV-1 es un retrovirus que infecta a humanos y que es próximo biológicamente al VIH, el virus del sida. Ambos se transmiten por vía sexual, vertical y parenteral. El HTLV-1 puede producir enfermedad en un 10% de los portadores. Éstos pueden desarrollar leucemia y linfomas, o bien una enfermedad neurológica subaguda conocida como paraparesia espástica tropical. Desafortunadamente, muchos pacientes con mielopatía por HTLV-1 acaban en una silla de ruedas y con incontinencia urinaria y fecal.

Los antirretrovirales diseñados para tratar la infección por VIH y el sida se han investigado para ver si podrían ser igualmente efectivos en los pacientes infectados con HTLV-1. Los resultados obtenidos hasta ahora han sido poco esperanzadores utilizando, entre otros, zidovudina (Machuca y cols. Virus Res 2001) o raltegravir (Treviño y cols. J Antimicrob Chemother 2012).

Dolutegravir y HTLV-1

En fechas más recientes se ha investigado si los nuevos antirretrovirales más potentes, como el dolutegravir, un inhibidor de la integrasa de segunda generación, podrían ser efectivos frente al HTLV-1. El año pasado se demostró en un modelo de ratón que la combinación de dolutegravir y tenofovir era capaz de disminuir la transmisión del HTLV-1 (Cooney y cols. Cell 2025).

Este mes, investigadores de Brasil, donde el HTLV-1 es endémico, han publicado los resultados de un ensayo clínico fase II realizado en dos hospitales de Salvador de Bahía. Examinaron 83 individuos infectados por HTLV-1, 53 de ellos con sintomatología. Compararon dolutegravir con vitamina C oral. A lo largo de un año, se observó una reducción de la carga proviral y una mejoría clínica en muchos de los pacientes que recibieron dolutegravir; pero no en el resto (Brites y cols. Clin Infect Dis 2026). 

Los resultados del estudio brasileño son los primeros que demuestran de una forma robusta la eficacia del dolutegravir en la infección por HTLV-1. No cabe duda de que suponen el pistoletazo de salida para el diseño de múltiples estudios clínicos encaminados a reducir la transmisión (vertical y sexual) y el riesgo de enfermedad por HTLV-1 (Meyerowitz E. Clin Infect Dis 2026).

Aunque la infección por HTLV-1 se considera una enfermedad olvidada (‘neglected disease’), se estima que hay unos 10 millones de personas infectadas en el mundo. Las regiones con mayor endemicidad son África sub-sahariana, Sudamérica y el Caribe. En España existe un grupo multicéntrico y un registro nacional de casos de HTLV-1 (de Mendoza y cols. J Clin Virol 2023). Hasta la fecha se han comunicado 555 infectados, el 68% latinoamericanos y un 11% africanos.

HTLV-1 en África sub-sahariana

Varias especies de primates africanos tienen una elevada prevalencia de infección por STLV-1. Es el retrovirus que infecta a simios y que, como en otras zoonosis, ha pasado a la especie humana y denominamos HTLV-1. En los monos, el STLV-1 también puede producir cuadros de linfoma y leucemias. El salto del reservorio animal a humanos probablemente ha ocurrido a lo largo de miles de años durante la caza y el consumo de monos infectados por los nativos africanos. 

La secuenciación del genoma de nuevos aislados del HTLV-1 de 52 pacientes africanos infectados ha reconocido una gran variabilidad genética (Cassar y cols. Emerg Microbes Infect 2026). Estos hallazgos confirman que la dispersión global del HTLV-1 tuvo su epicentro en África.

Un reciente estudio colaborativo español realizado en Costa de Marfil ha sugerido que la prevalencia de infección por HTLV-1 está disminuyendo en zonas endémicas de África subsahariana (Konan y cols. J Med Virol 2026). 

HTLV-1 en América latina

La infección por HTLV-1 es endémica y con prevalencia relativamente elevada en bastantes países de Sudamérica, Centroamérica y el Caribe. Los estudios filogenéticos demuestran que ha habido dos grandes oleadas de llegada del HTLV-1 a las Américas. La primera es pre-colombina, con las migraciones mongoloides de hace más de 1.500 años por el estrecho de Behring, que alcanzaron la cordillera andina, desde los incas en Perú hasta los mapuches en Chile (Zanella y cols. Virus Res 2022). 

La segunda introducción del HTLV-1 en América es más reciente. Alcanzó sobre todo a Brasil y el Caribe, con los esclavos africanos llegados a partir del s. XVI (Amoussa y cols. Infect Genet Evol 2017).

Es interesante destacar que el colonialismo ejercido por ingleses y portugueses en América, con un tráfico importante de esclavos africanos, explica la presencia prioritaria de variantes africanas del HTLV-1 en Brasil y las islas caribeñas británicas, como Jamaica, Trinidad y Tobago, etc. Por el contrario, en el centro y sur de América conquistado por los españoles, las variantes del HTLV-1 predominantes son casi todas precolombinas.

Esta diferencia tan radical en variantes del HTLV-1 en América tiene al menos tres razones históricas, como comenta de forma magistral la historiadora española Elvira Roca Barea, en su libro ‘Imperiofobia y leyenda negra’ (2016). Primera, la organización administrativa española en América fue en virreinatos, con reconocimiento de la población indígena local en lugar de la sumisión colonial que ejercieron los ingleses. Segundo, la tolerancia de la Corona española con los indígenas, a los que se consideró súbditos, y el mestizaje permitieron una elevada supervivencia de nativos, mientras que en Norteamérica apenas quedaron indios. Por último, la legislación de la Corona española, con Francisco de Vitoria a la cabeza, no aceptó la esclavitud en ultramar, de modo que la inmigración africana fue escasa.