¿Hay riesgo epidémico de peste tras la muerte en un laboratorio ruso?

El 29 de septiembre fue hospitalizada una chica de 28 años que trabajaba en un laboratorio de investigación en Siberia. Al parecer, podría haber sufrido una infección pulmonar por el microbio Yersinia pestis, tras inhalar material de un tubo de ensayo roto en su centro de investigación el 25 de septiembre (Wise J. BMJ 2026; 395: e101046).

La bacteria de la peste es muy virulenta y la paciente falleció por neumonía a los dos días del ingreso. Las autoridades rusas apenas han dado información y dicen que se trata de una infección de origen desconocido.  Sin embargo, se han aislado y puesto en cuarentena unas 200 personas que estuvieron en contacto con la paciente. 

El laboratorio de investigación de Irkutsk está en la región del lago Baikal, en el sur de Siberia. Un grupo de investigadores del centro publicó hace tres meses un artículo en la revista Nature describiendo el aislamiento de Yersinia pestis en restos fósiles humanos del Neolítico hace 5.500 años (Mcleod y cols. Nature 2026; 654: 697-705). La peste ya existía entonces y causaba una elevada mortalidad en el hombre primitivo.

Las plagas de peste en la Europa del s. XIV produjeron la muerte de una tercera parte de la población. La denominación de peste ‘negra’ hacía referencia a los esputos y vómitos sanguinolentos de los pacientes en fase terminal. 

Hay tres formas clínicas de peste:

  1. Peste bubónica. Transmitida por picadura de pulgas. El reservorio de la bacteria son distintas especies de roedores, incluidas las ratas. Por tanto, es una zoonosis. Se producen lesiones cutáneas y adenopatías (‘bubones) en las ingles, las axilas o el cuello. Si no se trata con antibióticos, puede progresar y causar la muerte.
  • Peste neumónica. La bacteria se adquiere directamente por inhalación, esto es, tras exposición a personas infectadas con tos y expectoración. También puede ocurrir de forma accidental, en laboratorios donde se cultiva la bacteria. 
  • Peste septicémica. Es la forma más grave y la fase final cuando hay bacteriemia o paso a la sangre del bacilo. La mortalidad es muy elevada. 

La bacteria de la plaga o peste negra es sensible a muchos antibióticos, como los aminoglicósidos, la doxiciclina, las sulfamidas y las quinolonas (Godfred-Cato y cols. Clin Infect Dis 2020). A menudo se prescriben en los posibles contactos de forma preventiva (quimioprofilaxis). Por este motivo, es muy improbable que el caso de peste neumónica en Rusia, originado tras un accidente laboral, se propague a otras regiones. Por el momento, no hay evidencia de que exista riesgo de pandemia. Tampoco parece ser un intento de guerra biológica, como han recogido algunos medios de comunicación alarmistas y de noticias ‘fake’. Sin duda, a ello contribuye el oscurantismo de la información sanitaria en Rusia, que causa desconfianza.