La esperanza de vida es hoy mayor que nunca. En muchos países occidentales supera los 80 años. En España el promedio es de 84 años. El bienestar social y los avances en salud son los principales determinantes de esta supervivencia más prolongada. Sin embargo, han aparecido nuevos desafíos que afectan sobre todo a los ancianos, derivados del deterioro biológico en los diferentes órganos y tejidos (Short y cols. Geroscience 2025). Entre otras manifestaciones, la senilidad cursa con trastornos neurocognitivos y un mayor riesgo de cáncer. ¿Qué podemos hacer para vivir más y con buena salud?
Síndrome de Dorian Gray
Hay personas con una obsesión por mantener la juventud y la belleza física. A menudo, recurren a cirugía estética, medicaciones anti-edad y adopción de estilos de vida que pueden retrasar el envejecimiento. Es un trastorno psiquiátrico. El término médico viene de la novela ‘El retrato de Dorian Gray’, de Oscar Wilde (1854-1900), en la que el protagonista permanece joven y bello mientras un retrato suyo envejece y refleja los efectos de su decadencia moral con el paso de los años. El libro causó un gran revuelo en la sociedad victoriana del momento. Wilde ensalzó el placer y los sentimientos sobre el deber moral del puritanismo.
En la actualidad, el síndrome de Dorian Gray no está oficialmente reconocido como enfermedad en manuales de psiquiatría, como el DSM-5, pero se relaciona con trastornos de la imagen corporal, donde la persona no acepta los signos naturales del envejecimiento. Otras enfermedades de la autopercepción física son la anorexia (Soriano y cols. J Eat Disord 2025) o la disforia de género (Soriano y cols. AIDS Rev 2025).
El síndrome de Dorian Gray también se ha relacionado con comportamientos narcisistas, centrados en la apariencia y la percepción social. El abuso de las redes sociales ha aumentado su frecuencia (Weinstein A. Front Psychiatry 2023). Además, hay riesgos médicos por someterse a cirugías repetidas o a tratamientos con medicación anti-edad (senolíticos), casi siempre de forma experimental, en una búsqueda desesperada por mantener la juventud.
El desenlace de Dorian Gray es trágico, reflejando la conexión entre la belleza exterior y la corrupción interior. A lo largo de la novela, el protagonista se mantiene joven y bello mientras su retrato envejece y refleja todos sus vicios y decadencia moral. Al final, consumido por la culpa y el horror en que se ha convertido, decide destruir el retrato, pensando que al hacerlo también podrá liberarse de su corrupción. Dorian va a desgarrar el retrato con un cuchillo, pero al hacerlo, se produce un efecto inverso: el retrato vuelve a su apariencia original, mostrando a Dorian como joven y hermoso. Por el contrario, su cuerpo envejece repentinamente y adquiere los rasgos grotescos de sus actos, todo ello reflejado hasta ese momento en la pintura. Simboliza que no se puede escapar de las consecuencias de los actos egoístas e inmorales, aunque uno conserve la apariencia externa.
El astío de no envejecer
Dorian Gray se vuelve más egoísta conforme pasa el tiempo, mientras sus seres queridos envejecen y mueren. Su existencia atemporal y contra-natura le hace sentir una soledad extrema. El atractivo de saborear momentos deja de existir. No hay nada que no haya vivido ¡Qué aburrido ser inmortal!
En la película ‘In Time’, de Andrew Nicoll (2011), en un mundo distópico futuro el consumo de tiempo de vida sustituye al dinero. Se gana y se paga a partir de los 25 años con monedas que son minutos, días o años. Sólo unos pocos se mantienen inmortales, a costa del resto que fallecen prematuramente. Pero hay un centenario que cuestiona por qué no fallece tras una larga vida y decide poner fin donando sus años restantes a un joven. Nicoll es el director de Gattaca (1997), otra interesante película de ciencia ficción que aborda el tema de la eugenesia mediante selección genética en una hipotética sociedad futura.
¿Existe un reloj biológico?
Como criaturas, estamos hechos para nacer y morir. En el ser humano, existe un límite biológico en torno a los 120-125 años (Pyrkov y cols. Nature Comm 2021). Como discute el Nobel de Química de 2009, Venki Ramakrishnan, en su libro ‘¿Por qué morimos?’ (2024), algunos ancianos fallecen por todo y por nada grave. Ocurre como si la luz se apagara poco a poco.
Los avances en biotecnología han supuesto un fuerte estímulo para la gerociencia, con la identificación de moléculas que frenan y/o revierten el envejecimiento celular y del organismo (Lyu y cols. Aging 2024). Sin embargo, ¿no estamos forzando nuestra naturaleza al extender nuestra existencia con elixires de la vida?
Quizás podremos vivir más, pero no de igual modo o mejor. Nuestra naturaleza espiritual, con nuestras aspiraciones más nobles, difícilmente se adaptaría a un cuerpo inmortal. El reconocimiento de la vida terrena como un don y el afán por corresponder precisan del estímulo temporal, ese ‘tempus fugit’ que, indirectamente, nos permite vislumbrar una vida eterna distinta.
Los días 18 a 20 de febrero tendrá lugar en Madrid el Foro Mundial de Longevidad. Se trata de un encuentro internacional que, por cuarto año consecutivo, reunirá a investigadores y clínicos venidos de todo el mundo, para actualizar los avances en longevidad sana. En descrédito han caído los defensores de estrategias ‘frankenstein’ creando ciborgs o realizando trasplantes, o los manipuladores genéticos.
La longevidad sana tiene que ver con ejercicio físico, nutrición óptima, relaciones humanas satisfactorias, propósito de vida y bienestar emocional. Está alineada con la plenitud de vida (‘flourishing’), que promulga Tyler VanderWeele, el profesor de la Universidad de Harvard que coordina el estudio mundial que examina los determinantes de la felicidad humana (VanderWeele T. Nature 2025). Con el aumento de la esperanza de vida, son muchos los que alcanzan la vejez. ¿No sería mejor considerar que la experiencia de la pérdida de facultades y la dependencia pueden brindarnos una oportunidad más para crecer como personas en el ocaso de nuestras vidas?

