‘El médico ni me miró ni me tocó’. Expresiones parecidas se escuchan a menudo de personas que han acudido al centro sanitario por cualquier motivo. Dos médicos de Chicago han alertado sobre la progresiva pérdida de capacidad diagnóstica por parte de los médicos, a pesar de la aparición de nuevas tecnologías y un mayor abanico de sofisticados tests diagnósticos y pruebas de imagen (Garibaldi & Russell. N Engl J Med 2025).
Los autores atribuyen el declive en las habilidades clínicas ‘a pie de cama’ a una formación médica subóptima. Propone seis estrategias para revitalizar la práctica del encuentro clínico en el siglo XXI. La premisa central es clara: los médicos deben pasar más tiempo con los pacientes. De lo contrario, la calidad de la historia clínica se reduce, la exploración física es pobre y hay más errores diagnósticos. Como consecuencia, hay un incremento de los costes y una insatisfacción mayor por los pacientes, que perciben una pérdida de empatía con su médico. Para éste, el alejamiento del paciente tiene como resultado la pérdida del entusiasmo profesional, esto es, el ‘burnout’ (Guille & Sen. N Engl J Med 2024). Se ha destruido la relación médico–paciente.
La dependencia creciente de la tecnología por parte de los clínicos -incluyendo la recogida digital de información (historia clínica electrónica)-, unida a presiones administrativas y asistenciales, han desplazado la toma de decisiones médicas hacia las pruebas complementarias, generando la falsa impresión de que la exploración física es poco fiable. Cuando el paciente recela dice: ‘Si el médico no me mira, no me toca y no me pide pruebas, es que no le intereso o no sabe’.
Históricamente, la medicina clínica nació del aprendizaje directo con el paciente, con figuras como William Osler en EE.UU. o Gregorio Marañón en España. Hoy día, la interacción directa del médico con su paciente es cada vez menor. Tras la pandemia de COVID-19, el uso de mascarillas y las habitaciones de aislamiento han aumentado el distanciamiento entre enfermo y doctor. También hay barreras psicológicas, derivadas de la inseguridad del médico para hablar con pacientes y familiares. Por último, se ha extendido una falsa percepción de que acudir a pie de cama del paciente es ineficiente.
El resultado es un círculo vicioso: hay menos proximidad con el paciente, se conoce menos qué padece y se valoran menos sus verdaderas necesidades. En última instancia, el enfermo confía la resolución de su problema de salud en su médico (Soriano & Barreiro. Coloquios de Ética Médica 2022). Dar respuestas y soluciones estándar, no personalizadas para ese paciente y por ese médico, suponen una degradación del acto médico.
Estrategias para poner de nuevo en valor al paciente
El artículo propone 6 estrategias para mejorar la relación médico-paciente:
1) Volver al pie de la cama y observar al paciente. La observación es una habilidad infrautilizada y esencial. Aporta información diagnóstica y pronóstica;
2) Realizar una exploración física completa, hipótesis-dirigida;
3) Hablar y resolver dudas en diferentes ocasiones y con periodicidad (pase de visita, etc.);
4) Utilizar las nuevas tecnologías como aliados y no como reemplazo o sustitutos.
5) Proporcionar ‘feedback’, esto es, información al paciente sobre el resultado de pruebas, pronóstico y tratamientos; y
6) Reconocer el poder del encuentro clínico, del acto médico. De por sí, tiene un gran valor curativo. Ayuda al paciente a manejar la incertidumbre y depositar la confianza del problema de salud en un profesional. Como contrapartida, mejora la satisfacción del médico.
Los autores concluyen que ‘una exploración física bien realizada transmite cuidado y puede tener un efecto terapéutico sobre el paciente’. En resumen, la atención médica en la cabecera del paciente es un espacio privilegiado e insustituible. Es esencial incluso (y especialmente) en la era de la inteligencia artificial (Garibaldi & Russell. N Engl J Med 2025).
Atención de pacientes en soledad y medicina rural
Las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial (IA) brindan una gran oportunidad para enriquecer la relación médico-paciente. Pueden hacer posible el acto médico cuando hay dificultades de distancia o situaciones de soledad. La telemedicina puede resolver muchos problemas de salud menores (e incluso graves) y proporcionar la proximidad y el calor humano necesarios para el buen manejo de la enfermedad (Volandes y cols. N Engl J Med 2025).
Por lo anterior, cuando hay interposición de pantallas, el médico debe reforzar la vinculación con sus pacientes. Llamadas telefónicas o mensajes periódicos pueden ayudar a mantener o establecer una buena relación personal entre el paciente y su médico. Por abandono de los profesionales, la medicina no puede reducirse a una prestación sanitaria (Soriano & Montero. Linacre Q 2024). Como subrayó Edmund Pellegrino, en la búsqueda del diagnóstico y la cura del enfermo se dimensiona la profesión del médico.

