La OMS ha confirmado tres fallecidos y 10 casos adicionales de infección por hantavirus en el crucero holandés Hondius, que fondeó en Cabo Verde a principios de mayo y finalmente fue conducido a Canarias. Había partido unas semanas antes de Ushuaia, en la Tierra de Fuego argentina. A las tres semanas de viaje en la embarcación, una pareja holandesa y un turista alemán desarrollaron síntomas respiratorios y fallecieron. Un pasajero británico enfermo fue trasladado a Sudáfrica y evoluciona lentamente en una unidad de cuidados intensivos. Otra enferma fue trasladada a Francia y también ingresó en la UCI. Otros infectados en el brote del mismo crucero desarrollaron síntomas, aunque de menor gravedad, incluido un pasajero español aislado en el Hospital Gómez Ulla. En el barco iban 59 tripulantes y 74 pasajeros. Una entrevista de YouTube resume el suceso.
El hantavirus es un virus ARN monocatenario, como el virus de la gripe y el coronavirus del COVID-19. El genoma tiene unos 12.000 nucleótidos y está dividido en 3 fragmentos: grande, mediano y pequeño. Hay dos grandes variantes del virus, con manifestaciones clínicas distintas. La euroasiática, que produce insuficiencia renal (Koroknai y cols. Viruses 2026); y la americana, que ocasiona un síndrome pulmonar (Duchin y cols. N Engl J Med 1994). La mortalidad de la infección por hantavirus puede ser alta, del 30-35%. No hay antivirales ni vacunas.
El periodo de incubación es prolongado, de 1 a 4 semanas. Los síntomas iniciales son de tipo gripal, con cefalea, fiebre y disnea. Puede evolucionar a distrés respiratorio y shock cardiovascular. Muchos pacientes requieren atención en unidades de cuidados intensivos, con soporte hidroelectrolítico y hemodinámico. El diagnóstico es molecular y serológico.
La infección humana por hantavirus es una zoonosis, esto es, hay un reservorio animal, que son mamíferos pequeños y roedores. El virus ocasiona infección crónica en los animales sin sintomatología. Se convierten en portadores y eliminan partículas en las heces y orina. La inhalación de partículas en los aerosoles al barrer o en espacios cerrados produce la infección por hantavirus en humanos por vía inhalatoria. La mayoría de casos se adquieren en zonas rurales y de bosques. Solo se han demostrado casos de transmisión entre humanos para los hantavirus de la variante Andes cuando hay contacto estrecho.
En Asia se ha descrito una tasa de infección del 6% en roedores en Indonesia y Singapur (Guo y cols. PLoS Negl Trop Dis 2026). En Europa hay casos esporádicos en Alemania, Finlandia y los Balcanes. En Argentina se declaran 50-100 casos humanos cada año. Es famoso el brote de hantavirus que hubo en el parque de Yosemite en 2012, cuando una decena de visitantes que durmieron en cabañas se infectaron y hubo tres muertes (Nuñez y cols. Emerg Infect Dis 2014).
En las navidades de 2018 hubo un brote en Argentina de 34 casos confirmados de hantavirus en la provincia de Chubut, limítrofe con la Patagonia. Once pacientes fallecieron. El caso índice transmitió el virus a otros tres pacientes durante reuniones sociales multitudinarias; y hubo evidencia de varios ‘super-contagiadores’ (Martínez y cols. N Engl J Med 2020). Es muy probable que en el brote actual de hantavirus del crucero, la pareja holandesa fallecida al principio se hubiera contagiado en tierra antes de iniciar la expedición marina. La convivencia estrecha en el barco con el resto de pasajeros y tripulantes mientras visitaron la Antártida durante un mes fue el catalizador que permitió la propagación del virus.

