El sida ha dejado de ser titular en los medios de comunicación, pero continúa siendo un problema de salud pública de primera magnitud. La OMS estima que hay más de 40 millones de personas infectadas en el mundo. En España, el Ministerio de Sanidad ha señalado que hay alrededor de 150.000 personas que viven con el VIH. Un 7% desconocen que son portadores del virus y, de forma inadvertida, pueden transmitirlo a otros. Durante el año 2025 se comunicaron en España 3.340 nuevos casos de infección por VIH. Hubo una elevada proporción de varones homo y bisexuales, así como de migrantes africanos y de América latina. Respecto a los años previos, la incidencia de VIH parece estar estabilizada, aunque son cifras elevadas.
Además del VIH-1, que es el clásico agente del sida, existe una segunda variante del retrovirus que se denomina VIH-2. También puede producir inmunodeficiencia y sida, pero de forma más lenta y se transmite menos que el VIH-1. La OMS estima que hay 1-2 millones de personas infectadas por VIH-2 en el planeta. En España se han comunicado hasta ahora 428 portadores de este virus, la mayoría en inmigrantes subsaharianos (Soriano y cols. J Microbiol Immunol Infect 2026).
Estudios recientes han subrayado que la pandemia por VIH-2 está experimentando un rápido descenso, tanto en su lugar de origen en África occidental, como en Europa (Soriano y cols. Infez Med 2026). Durante el año 2025 se diagnosticaron 10 nuevos casos de VIH-2 en España.
Las infecciones humanas por los virus del sida, tanto por VIH-1 como por VIH-2, son zoonosis. Se han adquirido a partir de reservorios animales. Estudios de biología molecular que han examinado variabilidad genética viral, han estimado que el origen de la epidemia por VIH-1 ocurrió hace un siglo en Camerún y la República del Congo, a partir de chimpancés y gorilas infectados. Para el VIH-2, el salto desde el mono gris africano a humanos ocurrió más recientemente, alrededor de la II Guerra Mundial, en Costa de Marfil y Guinea-Bissau (Ghafari y cols. Proc Biol Sci 2026).
Aunque no existe una vacuna para prevenir la infección por VIH, desde hace tres décadas se utilizan con éxito varios fármacos antivirales. La prescripción de antirretrovirales evita la progresión a sida y la transmisión del virus a otros, pero deben tomarse de por vida. La infección por VIH se controla, pero no se erradica en las personas infectadas. Se ha alertado sobre el riesgo del abandono de la medicación tras años de tomarla, dado que los pacientes están asintomáticos y los tratamientos tienen efectos secundarios. En esos casos, la replicación viral puede reanudarse y el paciente desarrollar SIDA (Ford y cols. N Engl J Med 2024).
Las Naciones Unidas han establecido para el VIH/SIDA los objetivos 95-95-95 para el año 2030. Esta meta de salud pública significa que al menos el 95% de los portadores estén diagnosticados, más del 95% de ellos tratados y, de esos, más del 95% tengan carga viral indetectable. A nivel global, solo la proporción de diagnosticados que reciben medicación supera el 95%, de modo que estamos todavía lejos del control de la pandemia por VIH-1 y SIDA. Sin embargo, hay buenas noticias para la infección por VIH-2, cuya extinción como problema de salud pública parece estar a la vista (Soriano y cols. J Microbiol Immunol Infect 2026).
Como otras infecciones de transmisión sexual (ITS), las medidas de prevención para evitar el contagio por el VIH, deben mantenerse activas. En los adolescentes, la educación sobre el sentido de la sexualidad y la afectividad debe promoverse (González y cols. AIDS Rev 2025). En los adultos que deciden tener relaciones sexuales de riesgo, debe recomendarse el uso del preservativo y la realización periódica de pruebas de screening de ITS. Además, en algunos casos puede ser conveniente proponer la profilaxis pre-exposición (PrEP).

